lunes, 26 de enero de 2015

Asombro y calamidad.


Me asombro, cada amanecer, y cada crepúsculo, cada orto y cada ocaso. Parece como si la luz, tan consistente durante el día, se tornase tímida en ambos, como frágil, como delicuescente. Quiza sea que yo andando los años cada vez me sorprendo más de lo que antes ni me paraba a mirar por creer que siempre era igual, monótono. y hoy, en cambio, me maravillo con ello.
Decía Wilde, en alguna parte de su Dorian Gray poniéndolo en  boca de Lord Henry, que adoraba las cosas simples por ser el último refugio de las complejas, y tal vez, eso sea lo que me ocurre a mí.
No es de los ocasos y de los principios de día de lo único que me asombro, también me sorprende encontrarme por la calle con gentes que no miran, que no saludan, y que casi me atropellan a causa de su concentración en un teclado minúsculo en relación al paisaje, y enorme en cambio para su gesto, que dicen que sirve para todo, o casi, y en cambio no permite  con facilidad, dejar la mirada libre al paisaje, al saludo o  al asombro fuera de la pantalla. No lo entiendo. Pero para mí tengo que acabaremos mal, o sea, que acabaremos lejos del Bien, vamos, que ya tengo explicado que el Bien no es relativo, y que por tanto lo que no es Virtud es calamidad. No hay mar profundo, ni horizonte lejano, para quien huye de sí mismo, las penas no se pierden por el camino por largo que sea el viaje, y si nos decuidamos, en cambio,  nos ciegan  a las alegrías, que las hay, de noche y de día, en forma de meteoros y de poesías.

Del pueblo en el que nací, y sigo, queda poco, quiero decir que queda poco de como era hace lustros, unas veces para bien, y otras muchas para mal. No sé cómo se gana la vida la gente aquí hoy, creo que  mal, o muy mal. No hay agricultura, ni pesca, ni fábricas, y las hubo prósperas.
Hoy hay bancos, curiosamente, y tiendas que quieren vender cosas, un mercado -antes lleno-sin gentío, y sobre todo un ayuntamiento muy crecido, que me dicen es la primera empresa, y muchas camas para dormir la gente que parte de buena mañana de aquí sin ver salir el sol, en un tren o en un coche,  mirando  a un teclado, como buscando el infinito para perder sus cadenas, y que volverán  cuando el crepúsculo -al menos en invierno- habrá llegado hace horas, más cansados y mirando al teclado.
De buena gana volvería al pasado, olía mejor, y al menos en mi opinión, el pronóstico era mejor. Anduve de niño por calles sin coches, haciendo de niño, o sea, jugando, sin reloj, sin teléfono, sin angustías y sin ruídos. Hoy lamento ver a los críos encadenados al parque, al cemento, al atril cibernético que promete libertad, comunicación y recompensas allá donde impone el páramo, la indiferencia, el miedo y la angustia, de la soledad, del vacío y de la deseperación como tributo de la nada. Me asombra que no asombre la calamidad.

1 comentario:

  1. ¡Un comienzo ASOMBROSO Y HERMOSO! del artículo, David, se te echaba de menos, bien es verdad que a veces no nos viene la inspiración para escribir y hay que dejar que pase el torrente y fluya de nuevo la creatividad, no sabes el valor tan grande que tienen tus palabras, la verdad, están vestidas de mucha riqueza y hermosura, de una esencia auténtica y ahí reside lo valioso.



    Es verdad, que con el paso de los años, nos asombramos más de lo que en tiempos pasados y más juveniles no apreciábamos con las mismas ganas y ansias del vivir propiamente dicho. Pasado el diluvio magnífico de la juventud, en la madura juventud nos damos cuenta del valor verdadero de un paisaje, de una cara, de un gesto o de una cierta acción.


    Quizás el no dejar de asombrarnos por las cosas sencillas de la vida es donde reside la magia de ésta, a veces pedimos más de lo que nos merecemos o tan simple que solicitamos más sin necesidad, y es la Vida como protagonista de ella misma la que nos marca nuestras preguntas y pasos a dar. Es el milagro de la propia Vida como fuente de inspiración creadora la que nos regala una ofrenda de flores en el conformarnos en la serenidad inteligente, todo llega, todo llega aunque ha sido costoso el camino.


    Maravillarse es un regalo que se hace uno así mismo y además te lo brinda Dios. Wilde tenía toda la razón.


    Siempre tenemos tristezas pero llegan de la mano de las alegrías también, David. A mí me entristece ver la incomunicación de las personas, observar esas caras tristes de gente inertes andando por esas calles, son almas dormidas o no sé qué, pero he aprendido algo, David, que esa cuestión es inevitable, que el mal es inevitable a veces y que no somos héroes pese a que nos gustaría serlo, al mismo tiempo lo que reconforta mi corazón es el manifestar por ejemplo estas palabras a ti, el sonreir y que mi sonrisa traspase su energía a otras personas, nuestras alas son cortas pero vuelan, David, vuelan...algo hacen, será poco, pero hacen, construyen como los arquitectos y crean, será poco lo que cree pero es algo menos es nada, y con eso me contento, antes creía que podía salvar la Tierra, ahora comprendo que no, cuando lo he comprendido del todo es cuando tengo más serenidad en mi interior.


    Tú Construyes David y con hermosura inteligente, como lo hacía Miguel Delibes, tenemos momentos de bajones pero volvemos a levantarnos, existe algo en la persona que hace levantarte de nuevo, no sé si será el Corazón, el buen corazón...


    Gracias por tan maravilloso texto, y cuando quieras hablar o comunicar no lo dejes de hacer...porque siempre habrá alguien que conecte con tus palabras y aprenda de ti algo...vuela...simplemente volar como podamos.

    https://www.youtube.com/watch?v=tiF2qeY2pEQ


    Un abrazo, David. Teresa.

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