lunes, 9 de junio de 2014

Las horas, testigos de papel


Anduvimos ayer por San Antonio, o sea, por el mercado que así se llama, que está en Barcelona y que los domingos alberga a quienes se dedican  a la antigua tarea de vender libros.
Que a mi parecer son bonitos los papeles antiguos ya se sabe, y además lo digo casi siempre. La casualidad, el azar o la suerte; en definitiva, todo aquello que no podemos predecir, es quien otorga lo que se halla y cuando, en San Antonio, y supongo que fuera de él,  digo esto sin negar a la Providencia que es la dueña de las cosas y que es garante de nuestro albedrío, y aún  queda el destino, pero como pudiera  aún complicar más las cosas, de esto hablamos mejor otro día.
Me topé, encuadernado en Pasta Española, que es la encuadernación que más me place, con un tomito en octavo, con tejuelo, con una sorprendente lámina móvil  casi al final, cuyo funcionamiento determina un reloj cosmográfico que permite, de un modo seguro, averiguar la hora, -y suponer su testigo-, que está dándose en cualquier lugar del orbe, pues partiendo del nuestro  y sabiendo la nuestra  la hallamos presta, puntual y sin falta, en el otro. Digo que supongo lo del  testigo como  reflexión, pues sin testigos no hay horas que valgan, pues sin escritos no hay historia, puede que haya vida, pero no historia. La historia necesita ser escrita, la historia vive en las palabras guardadas, pues de simple voz el olvido borra deprisa, y  además las horas viven de sus testigos, pues sin ellos tampoco son gran cosa, aunque estén allí. Ya lo dijo el filósofo: El hombre es la medida de todas las cosas, y mucho me parece que acertóVolvamos al libro, es un ejemplar  de Astronomía para todos en doce lecciones ó sea demostración del mecanismo celeste en términos claros y palpables sin necesidad de estudios geométricos con 7 láminas que facilitan su inteligencia, estampado en Gerona en 1829 en la oficina de A. Oliva y escrito por D. José Ciganal y Angulo. Está redactado en forma de diálogos, al estilo de sus predecesores, como si fuese teatro. Quizá si retrajéremos esta costumbre -poner en teatro las cosas- nos serían más amables los sucesos, no lo sé, esto lo deberíamos estudiar a parte. En todo caso, desde ahora, podré saber la hora en cualquier lugar, simplemente sirviéndome de un papel estampado, bueno de dos, pues la rueda es doble, y, con un poco de suerte, serán las horas del libro mis testigos de papel.

1 comentario:

  1. ¡Que preciosidad que sean las horas del libro tus testigos de papel!, pues en este maravillosos artículo queda el libro y su reloj como testigos de un autor auténtico y respetuoso con todo y en todo lo que escribe, porque autores de post y de blogs bastantes falsos los hay además de interesados económicamente se vistan o no con un traje falso también, porque al igual que los libros son testigos de la Historia, los hechos también lo son de la personalidad de las gentes.


    La Historia debe ser escrita pero tambien rectificada cuando se conoce a lo largo del tiempo nuevos datos. Magia tiene el destino que por azar, casualidad o suerte ( no sé si serán la misma cosa las tres) nos otorga lo que nos pueda pertenecer sin haberlo sabido.

    Mágico reloj, David, seguro que lo guardarás con todo Amor.

    https://www.youtube.com/watch?v=k6dkkhfaCGY

    Maravilloso y precioso artículo.


    Saludos Cordiales. Teresa.

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