jueves, 1 de agosto de 2013

Cosas y Carácteres

Recuerdo que un entrañable amigo fallecido ya, a quien guardo en respeto y afecto, que se dedicaba a la compra y venta de rarezas y metales, me hablaba siempre del "bouquet" de los objetos, que en Español diríamos su buqué. Se refería Juan, mi amigo, al polvo, a los arañazos, a los leves golpes que presentan a veces las cosas antiguas. El tiempo pinta -me decía-, esto que has hecho tú, refiriéndose a cualquiera de mis aparatos, que solía traerle para que viera como había usado tal o cual pieza que él me había regalado, es muy bonito pero le falta cardenillo, un poco de polvo y una etiqueta. Resolvimos lo de la etiqueta y ambos coincidimos en que el cardenillo y el polvo se resolverían solos con ayuda del tiempo y mediante la paciencia. La limpieza excesiva quita el " bouquet" profería Juan; era todo un caballero, le recuerdo amonestando a unos singulares paletos que cámara en mano pretendían fotografiarnos, a él y a mí, intentando arreglar un antiguo molinillo de café de dimensiones épicas. Aprendí mucho con él. Le extraño.

 De niño yo, mi abuelo escuchaba una antigua radio Phillips que le permitía sintonizar emisoras "clandestinas", que él creía que decían la verdad. Recuerdo que yo miraba entusiasmado por los agujeros de los cartones posteriores esas lámparas que lucían naranja, me parecían misteriosas, y el olor a polvo requemado delicioso. Arreglaba y ensamblaba entonces en mi pueblo los aparatos de radio un singular caballero, Segismundo de nombre, al que en mi catalán vernáculo se le llamaba Segimón. Centenares de aparatos se amontonaban en una casa llena de polvo, hilos, bobinas, antenas ¡Dios que belleza!
Aquel hombre era para mí un semi dios, sabía de todo, lo arreglaba todo, y lo más importante: a pesar de estar cerca seguía estando lejos, era casi de otro mundo, como de una novela de Valle-Inclán. Era un carácter.
Decía elocuente: "pues yo, en una ocasión fui a reparar una avería en una casa, saqué la tapa del aparato, y la señora de su parte, aportó un soplido, para ahuyentar a los polvos. Le dije, ¿sí?,¡ pues ahora lo arregla usted !Yo ya se lo había advertido, no sople, no toque el polvo, pero la mujeres ya se sabe, siempre quieren limpiarlo todo. Sin polvo no hay pistas, y sin pistas no arreglo nada, yo no tengo tiempo para perder, y además sin polvo se estropea también todo".

Lo dicho, unos carácteres, en Gloria estén.+

2 comentarios:

  1. ¡ Qué sublime y entrañable texto!, sí que haya algo de polvo, es el rastro de la vida de los aparatos, porque Vidas fueron las que los tocaron, las que lo utilizaron y pienso yo...¿ cuántas historias tendrían que contarnos todos esos aparatos llenos de polvos ?, como bien dices, David, pareciera venir el Señor de otro mundo como de Valle-Inclán ...¿ no habremos salido de los libros también nosotros, de otras épocas?...me pregunto.

    Saludos. Teresa.

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  2. ...Quizá Teresa, al menos eso decía Juan Perucho, el escritor, aseveraba que nos buscábamos dentro de los libros, y que si nos encontrábamos, moríamos. Cuando él murió, pensé que se había encontrado.

    Un abrazo y gracias.

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