viernes, 27 de junio de 2014

Fotografías en palabras

Me llegó, hace unos días, el ejemplar número 21 de PhotoResearcher, dedicada a los orígenes de la fotografía en España. El ejemplar, remitido por el doctor Luís Estepa Pinilla, caro amigo, de quien aprende siempre uno, gozando con su conversación, contiene un artículo  escrito por él, en el que versa  sobre un curioso tema. Veamos. Este es el título: "Delight and Disaster: The First Photographic Treatise Written in Spanish for the American Continent", se comprende ya la dedicatoria del Dr. Estepa a un servidor, sabiéndome bibliófilo y poeta de las máquinas de antaño :"A DF que vive todavía en los tiempos en que la Física era ciencia, arte y artesanía (...)". Me venía el artículo a mi medida, claro está, pero el enfoque me ha sorprendido más de lo que suponía. El doctor Estepa es filólogo, e historiador del arte. El artículo reflexiona  en un primer momento,sobre un primer tratado de fotografía en Español y empieza diciendo:
"No creo haya habido en toda la historia de la bibliografía española un libro tan importante con una traducción tan descalabrada como Teoría y Práctica del Arte de la Fotografía" (1862) cuyo autor, Un Eminente Fotógrafista, hasta ahora carece de nombre y apellido."
Toma ejemplos de voces mal traducidas, para hacer notar su punto de vista, no quitando al libro su importancia en cuanto al contenido, ni su mérito ni su valor. Los apuntes filológicos que aporta son sorprendentes e hilarantes casi. Por poner un ejemplo:
"Hay expresiones, como cuando en la página 23 se explica qué es el colodión, término que a lo largo de toda la obra no se traduce, y se mantiene como collodion, que nos dejan boquiabiertos: es el menstruo que se usa para retener el compuesto sensitivo en el vidrio, o en la plancha de hierro."
Prosigue el profesor analizando otros libros como el  "El Rayo Solar. Tratado Teórico y Práctico de Fotografía" escrito por J . Towler;  y el  publicado por ROCHE, T. C. y ANTHONY, H. T.: "La Fotografía Hecha Fácil. Manual para Aficionados ", escrito por..., E. H. T. Anthony, y Cía, en el que, como caso curioso, se explica de forma deliciosa como se realizaban las fotografías durante la guerra de Sececión.
Continúa el artículo reflexionando sobre los rápidos avances que se produjeron en materia fotográfica en pocas décadas y compara en un cuadro sinóptico las aportaciones de la escuela francesa y americana.
Completa la exelencia una muy buena documentación fotográfica -no podía ser de otro modo- en una publicación impecable, de calidad.
El artículo, a mi juicio, tiene la particularidad de ser altamente multidisciplinar, o sea que relaciona y sirve al estudioso de varios campos, pues sea la Filología, la Ciencia Física,  la Historia, o la fotografía en particular su centro de interés principal  puede leerlo y sacar buen provecho. Esta es la  firma de Luís Estepa, la didáctica y el conocimiento. Convierte en entretenido de modo solvente y académico un tema  particularísimo que aún siendo de actualísimo interés -más cuando pensamos en lo rápido que se han sucedido en un siglo que será conocido como el siglo de la fotografía, los avances en los modos de fijar la imagen- pocas veces se trata desde el punto de vista de los libros y de las palabras, que vienen  a  ser el del hombre. Muchas Gracias profesor.

jueves, 26 de junio de 2014

Paisajes


Decía Aurelio en el Rastro, con más convicción que fortuna, con una soberbia voz, y sin mayor reparo: "Aunque no vayamos a la Iglesia, las cosas que huelen a sacristía siempre nos convienen";  se refería no a los objetos del culto ni a las imágenes -cuyo tráfico sería simonía y  eso es pecado de los gordos- sino a objetos de temática sacra que por azar o destino acababan en su lote del Rastro y,  ya se sabe, había que procurar beneficios.
Las Iglesias siempre son buena compañía, del paisaje o de la soledad; al final siempre acabamos en ellas y de un modo u otro sus piedras son nuestros cimientos. El camino de hoy que emprendimos Enric, Joan y yo,  acabó en un santuario de piedra, del siglo quince, para más datos, allí se venera Nuestra señora la Virgen de los Socorros, que quiere decir del auxilio, o sea, que es la advocación adecuada al desespero más pertinaz. Las piedras de iglesia son elocuentes, cuentan historias. Estas de hoy son de granito, y huelen a sacristía, y convienen, como decía Aurelio. Convienen a los sentidos que se ven agasajados por la ruda suavidad de sus texturas, ásperas, terrosas y grises, y  convienen al espítitu que se encarama desde ellas del terreno a los cielos. Nuestro santuario es conocido por El Corredor, pues, como indica el topónimo, por su camino se grafía la senda que comunica dos sierras y dos comarcas, una de mar y otra de interior, habiendo sido corredera de paso secular entre pueblos. No pudimos entrar dentro, las capillas de la cristiandad aparecen cerradas donde antaño no había puertas, bueno puertas las hubo siempre, pero solían estar o abiertas o había alguien con la llave, que al caso viene a ser lo mismo, hoy ni lo uno ni lo otro, cierre a cal y canto.
El paisaje del lugar es el del pino, con encinar, algún roble despistado y mucho alcornoque, mata baja, estepa, yerbas de olor y flores. No será la última vez que vayamos, nos dijeron que puede tomarse en fin de semana y en el restorán contiguo, una carne braseada de calidad y unas alubias como dios manda, lo provaremos,  aunque no deberíamos propasarnos con los yantares quienes cercanos a la cinquentena tenemos por malos amigos a los excesos.

lunes, 23 de junio de 2014

Ciencia y paciencia


Paciencia tuvieron Carmen y Domingo al alojar en su casa al grupo de amigos aficionados a las ciencias, que nos conocimos en un foro. En Palencia, en su hogar, se nos acogió con la suavidad de los trigos y la altura de sus tierras, y la de sus hombres. Hablamos mucho, quizá para no sentirnos tan solos, quizá para no sentirnos tan frágiles... A fe mía que pienso, que lo que no es vanidad es imprudencia, y hoy me acuso de haber pecado -que errar es- de ambas cosas.

Los campos y los castillos de Castilla no son tópicos, son ciertos,  de campos vimos muchos, y de castillo vimos uno: el de Ampudia,  tiene almenas, y nos dijeron que también tiene mazmorras. No pudimos verlas, pero si anduvimos por estancias llenas de arqueología y etnografía palentina, muy bien expuesto todo, y muy limpio. Vimos en Ampudia después, mientras celebraban el Corpus, un museo de medicina, de instrumentos, para más señas, que recordaba la cruda realidad de los hombres cuando enfermamos, y de la noche que cierra  nuestras primaveras, nuestras luces.
La cocina de Carmen es excelente; sé por cocinero, lo que cuesta atender  gente en casa, ella lo hizo, y sirvió productos de calidad, muy buen pan y muy buen vino, y sobre todo  unas croquetas de marisco dignas de estar en el Hispania, ese restaurante en la costa barcelonesa que se las sirve al Rey -que es el padre del de ahora- cobrándolas por unidad y con serios modos. Carmen las regala y las sirve con sonrisas, así que estuvimos mejor  tratados que el rey, y eso es Nobleza.
Bueno, podría decir tanto que mejor sugiero. Sugiero repetirlo, y sobre todo agradecerlo. Nunca podremos estar seguros de volver a vernos, la vida, ya se sabe, es un soplo entre la nada, o si se quiere otra metáfora, un recuerdo entre el olvido, que es el tiempo al final, quien todo lo acaba, tenaz, sobrio. Espero volver para ver a Pinta crecida, que ahora es potrilla, y será después buena yegua, pues tiene carácter, y es muy querida.


jueves, 19 de junio de 2014

Las sendas



Sé que todo cambia, y también sé, por Heráclito, que todo se transforma, cae y renace. Santa Teresa de Ávila indica que la verdad no muda, y que siendo Dios la Verdad suprema, no cambia, es. Yo creo que esto de cambiar y seguir remite al ser, o sea, a la esencia y a la apariencia. Quizá no mude la esencia, pero puede que lo haga la apariencia, eso es lo accesorio, lo particular, lo conforme a la materia. Veamos: Anduvimos cuatro amigos en bicicleta por una senda que había sido vía de tren estrecho, para más señas, entre Amer y Olot, en la provincia de Gerona. Allá Joan, su hermano Pep mi primo Enric y yo, recorrimos ida y vuelta unos 30 kilómetros, y gran parte de ellos los transité pensando: ¿Hasta qué punto puede permancer la esencia de un camino, antaño de hierro y hoy de arena? ¿Era el tren el sustantivo, o por el contrario lo accesorio? Creí encontrar razones para sostener tesis muy encontradas, pero en casa, sosegado, me inclino a pensar con nostalgía en el tren, pero creo que el camino, el verdadero sustantivo está, no en el paisaje, ni en el tren que hubo -que también- sino en el caminante, que le da el sentido.
 Esto explica que cuando hacemos una fotografía casi  nunca nos sale lo que vimos al hacerla, eso ocurre por ser la cámara un punto de vista ajeno: nosotros vemos más allá, lo que  nuestra mirada ve, la cámara no siempre lo reproduce. El blanco y el negro, sobre el papel,  puede expresar más color que la cromolitografía más perfecta.
Somos ciegos,  muchas veces, a verdades como puños y quizá demasiado azores otras, sobretodo encontrando en lo ajeno la culpa; ya me dijeron en la Universidad que había quien decía -entre los psicólogos- que el todo es más que la suma de sus partes- y creo -siempre creí- que tenía razón. Sea como fuere, el entorno es delicioso, parte de una estación de tren para llegar a otras pasando por puentes y túneles, entre una vegetación frondosa y muy verde, como debe ser, fragante, espiritual.
Si fueron las ruedas del tren las que abrieron el paso, hoy lo testifican las de bicicleta, más ágiles pero menos poderosas. Los hombres que transitamos  la vía seguimos siendo los mismos, bueno, quizá no tengamos los mismos nombres, pero sentimos muy parecido, amamos muy parecido, y soñamos de forma muy parecida, o al menos eso creo yo, que veo a  Heráclito detrás de muchas preguntas, y a Santa Teresa detrás de muchas respuestas.

domingo, 15 de junio de 2014

Metáfora

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No son los poetas los únicos que escriben metáforas. Yo no soy poeta y las escribo muchas veces. Estuvimos en la desembocadura del río Tordera, bueno, mejor dicho, en su metáfora, pues más que río es un torrente, y más que desembocar, se estanca, en un  lago pequeño, para más señas. La pertinaz sequía y la acción humana han acabado con el agua y con el entorno del agua; conforme nos acercábamos vimos los restos de un fuego reciente, y eso sí que no fue metáfora, eso fueron llamas tal cual. Hacía años que no visitaba el lugar, al que accedimos Enric y yo en bicicleta, a lo largo de unos veinte kilómetros, que ya es decir, pues ya no somos jovenzuelos. Decía que hacía tiempo que no visitaba el lugar y me apenó ver el litoral tan degradado y la especulación adueñándose de los caminos y torrenteras -en catalán se llaman rials- y de los pasos seculares. En mi localidad pasa igual. Primero no se desbrozan los caminos de sus plantas más abundantes, cañas sobretodo, después se deja amontonar la arena de las riadas en los márgenes, se espera a que algunos restos contribuyan, y se cierra, por último,  aguas arriba, el sendero con una cadena, aduciendo propiedad e inexistencia de paso. Generalmente lo hace el propietario colindante, que se cree en el derecho de hacer tal cosa.
En el Tordera, entre Malgrat y Blanes, cerrando el sendero -que es la playa- hay pared y cámping, tocando al mar, como desafiando, así que hay que dar la vuelta y rodear el brete, unos kilómetros de perímetro, va así, tal cual, y si no te gusta taza y media, que es lo que se despacha en nuestra España hoy. A pesar de todo, el camino es bonito, y el río también; si hay agua va corriendo entre  los cañizares y  las verdes plantas de ribera, hay patos y gaviotas y algunas aves de paso, de esas que van y que vienen y que nunca sabes muy bien si van a estar.
Ya lo dijo Manrique: -Nuestras vidas son los ríos, que van a dar al mar, que es el morir- 
Yo diría además, que al paso que vamos, en nuestras vidas no habrá ríos, y del mar solo quedará el morir.

jueves, 12 de junio de 2014

Silybum marianum, y megalitos.


Decía el poeta que al andar se hace camino, y aunque afirmaba que no debía volverse a pisar la senda ya pisada, nosotros, Enric, Joan y yo, no seguimos el consejo y repetimos algunos, no dejando al polvo por único habitante de los trasiegos antiguos, y de ello damos cuenta en esta  bitácora.
Queriéndole dar a nuestro paseo una consistencia causal,
buscábamos hoy Silybum marianum, también conocido por cardo mariano, o de María, si se quiere, cuya infusión aseguran que depura y arregla el hígado, cosa a tener en cuenta. A saber, el hígado es el más importánte órgano del cuerpo humano, así lo afirmaba Hércules Poirot, detective literario belga, puntualizando; él que tomaba  frecuentes infusiones -no nos consta que fuesen de cardo-  para prevenir  desarreglos hepáticos -decía-, se supone que sabía del tema, y siendo  entendido en hierbas y procurándose bien por su hígado,  por posible tengo que del mismo fuesen.

Por el monte, de San Iscle a Vallgorguina, más o menos una hora, de buen cubero eso sí, o sea que con reloj hora y media. Transita el sendero bonito entre plantas autóctonas y traídas, hierbas de olor y helechos frondosos. Joan me sugiere que hable de los helechos, y lo haré pronto, si Dios quiere y su Providencia nos da fuerza, voluntad y ganas para seguir transitando prestos. Hoy más que caminata fue paseo, pero cubrimos el objetivo, veremos ahora, después de la infusión, si su beneficio es grande, mediano o pequeño, así sabremos a qué atenernos. Digo yo que será grande, pues así lo afirman las autoridades que no nombramos por ya sabidas, bueno,  mejor pensado las volveremos a nombrar, por si acaso: Pío Font Quer y su Dioscórides;  además nuestros cardos los recogimos muy cerca de la ermita  y del paraje de Nuestra Señora de la Salud, y si -cosa poco probable- el topónimo errase, no lo haría la advocación homónima, que ya se ve es muy adecuada al Sybilum y a sus saludables virtudes.

Del megalito de Pedra Gentil que está en Vallgorguina, que quiere decir Vall de Gorgues, o sea, Valle de Brujas, poco decir, aparece reseñado en El poblament prehistòric de Catalunya, de Serra Ràfols, y lo hemos visto muchas veces, es de piedra de granito, que es la del lugar, como de metro y poco de alto y en forma de dolmen. Abundan las leyendas, ya se sabe, y las hitorias de miedo por aquel lugar, cosas de críos, y de crédulos pensar se puede, pero también podemos traer aquello de haberlas haylas, y quedarnos en paz. Curioso que en el  pueblo  del que partimos, San Iscle, también haya leyendas de brujas, de hadas mejor dicho, que se llaman dones d´aigua,  yo nunca las vi, pero de ellas mucho se cuenta y me parece que son muy hermosas, viven en las fuentes y ayudan a los hombres, pero cobran su precio en no terrenales dádivas.  Ya se sabe, no se nutre de manjares terrenos quien lo hace de celestes.Yo las tengo por Valquirias, no del Rhin, más de casa, pero igualmente amigas del agua y del río, y custodias de arcanos; en fin, anduvimos, cantamos -es muy importante cantar, alivia el trasiego y enardece el paso, además acompaña y sienta bien- y recogimos cardos, violáceos, grandes y bonitos,  y buscamos también Mandrágoras, pues entre brujas y sombras puede que haya, pero no vimos ninguna, son plantas difíciles.

lunes, 9 de junio de 2014

Las horas, testigos de papel


Anduvimos ayer por San Antonio, o sea, por el mercado que así se llama, que está en Barcelona y que los domingos alberga a quienes se dedican  a la antigua tarea de vender libros.
Que a mi parecer son bonitos los papeles antiguos ya se sabe, y además lo digo casi siempre. La casualidad, el azar o la suerte; en definitiva, todo aquello que no podemos predecir, es quien otorga lo que se halla y cuando, en San Antonio, y supongo que fuera de él,  digo esto sin negar a la Providencia que es la dueña de las cosas y que es garante de nuestro albedrío, y aún  queda el destino, pero como pudiera  aún complicar más las cosas, de esto hablamos mejor otro día.
Me topé, encuadernado en Pasta Española, que es la encuadernación que más me place, con un tomito en octavo, con tejuelo, con una sorprendente lámina móvil  casi al final, cuyo funcionamiento determina un reloj cosmográfico que permite, de un modo seguro, averiguar la hora, -y suponer su testigo-, que está dándose en cualquier lugar del orbe, pues partiendo del nuestro  y sabiendo la nuestra  la hallamos presta, puntual y sin falta, en el otro. Digo que supongo lo del  testigo como  reflexión, pues sin testigos no hay horas que valgan, pues sin escritos no hay historia, puede que haya vida, pero no historia. La historia necesita ser escrita, la historia vive en las palabras guardadas, pues de simple voz el olvido borra deprisa, y  además las horas viven de sus testigos, pues sin ellos tampoco son gran cosa, aunque estén allí. Ya lo dijo el filósofo: El hombre es la medida de todas las cosas, y mucho me parece que acertó. Volvamos al libro, es un ejemplar  de Astronomía para todos en doce lecciones ó sea demostración del mecanismo celeste en términos claros y palpables sin necesidad de estudios geométricos con 7 láminas que facilitan su inteligencia, estampado en Gerona en 1829 en la oficina de A. Oliva y escrito por D. José Ciganal y Angulo. Está redactado en forma de diálogos, al estilo de sus predecesores, como si fuese teatro. Quizá si retrajéremos esta costumbre -poner en teatro las cosas- nos serían más amables los sucesos, no lo sé, esto lo deberíamos estudiar a parte. En todo caso, desde ahora, podré saber la hora en cualquier lugar, simplemente sirviéndome de un papel estampado, bueno de dos, pues la rueda es doble, y, con un poco de suerte, serán las horas del libro mis testigos de papel.

Colores y formas

Gracián aseveró que, según el color, la forma cambia, o, si se quiere, que esta depende de aquel, pues, según se mire, se verá. No es mi des...